viernes, 10 de octubre de 2014

Millones y millones de libros quemados

   Desde que nos convertimos en humanos declaramos guerras. Desde que declaramos guerras, la quema de libros y bibliotecas es un hecho fundamental en las mismas. Es el equivalente cultural a echar sal en las tierras, pues al ser el registro de los hechos y conocimiento de una civilización. Acabar con eso significaba borrar la memoria que quedara del enemigo, matarlo de nuevo y para siempre, una vez lo hubieran matado físicamente.

   Esa tradición ha perdurado hasta la guerra moderna. Los nazis la desarrollaron con la típica precisión alemana, pues tenían destacamentos especiales llamados Verbrennungskommandos que seguramente fueron inspiración para los bomberos de Bradbury en Farenheit 451. Sin embargo, no fueron los únicos. Más desconocido es el encono de los japoneses por hacer lo mismo, especialmente con los chinos. Quemaron ocho enormes bibliotecas que contenían millones de libros.
   Sin embargo, hubo otros que superaron a ambos en esa guerra, los aliados. Con las campañas indiscriminadas de bombardeos a ciudades se destruyeron 35 grandes bibliotecas y muchísimas pequeñas. El número de volúmenes perdidos es incalculable, pero se cree que uno de cada tres libros que había en territorio alemán acabó hecho cenizas.

Aprender de los libros



 Editorial japonesa Toppan Printing publicó hoy el libro más pequeño del mundo, de apenas 0,75 milímetros, que ha logrado desarrollar gracias a una tecnología ultra fina de impresión, informó la compañía en un comunicado. 
La empresa nipona registrará el documento, de 22 páginas, en el libro Guinness de los Récord como el más pequeño del mundo, al haber logrado reducir los 0,9 milímetros de la obra "El Camaleón", del dramaturgo Antón Chéjov, publicado en Siberia en 1996 y que ostenta actualmente este logro. 
El ejemplar de la editorial nipona, titulado "Flores de las cuatro estaciones", es un compendio de ilustraciones de la flora del archipiélago, con ejemplos como sus afamados cerezos o ciruelos, y con el nombre de cada uno de ellos escrito en los diversos alfabetos de la lengua japonesa. 
El libro, que sin el uso de una lente de aumento apenas se puede leer, se expone en el museo con el que cuenta la editorial en el céntrico barrio Bunkyo de la ciudad de Tokio. 
La empresa además ha puesto a la venta el ejemplar, que se comercializa junto con una lupa y una edición del libro ampliada, a un precio de 29.400 yenes (algo más de 235 euros o 305 dólares). 
Mientras, el documento ruso cuenta con 30 páginas de once renglones cada una e ilustraciones en tres colores diferentes, según la organización del Guinness de los Récord. 
Al igual que el ejemplar japonés, los editores siberianos pusieron a la venta 100 ediciones limitadas de la obra que vendían a un precio (en 1996) de 500 dólares (unos 384 euros).